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Artesanos de los fierros: devuelven a la vida los autos que marcaron toda una época

La carrocería de un viejo Ford T, ubicada en el parque de ingreso al taller, preanuncia la magia del lugar. El vehículo, que revolucionó la industria automotriz a comienzos del siglo XX, luce erguido, pero sin restauración, con los achaques del tiempo pasado. Está ubicado de ese modo a propósito, como dando la bienvenida al laberinto de chapas, carrocerías, motores, repuestos y herramientas.

El tiempo parece retroceder y detenerse cuando se ingresa al taller de Hattemer Restauraciones, ubicado en el parque industrial Leonardo Da Vinci.
Desde hace una década, Dani Hattemer, ahora junto a sus hijos Roman y Leandro, regresan a la vida los autos que marcaron la historia sobre ruedas de los últimos 100 años.

El trabajo de restauración es tan meticuloso que es considerado artesanal, en cada una de las unidades que reparan, arman y hasta replican para clientes de todo el país y del exterior. Y todo ello con mucha “exigencia” y horas de empeño y dedicación, “pieza por pieza, tornillo por tornillo”, dice Dani Hattemer al recibir a TRIBUNA.

-Al momento de encarar la restauración de un auto, ¿hay desafíos diferentes?
-Los desafíos son diferentes y las ideas de los clientes también. Difícil no es, pero es un trabajo muy lento y muy meticuloso. Mucha gente me pregunta “¿por qué tenés un auto uno o dos años?”. Resulta que no se trabaja exclusivamente en un solo auto, sino en varios para poder lograr calidad. Es un trabajo artesanal. A los autos los vamos haciendo por partes. Ejemplo: los chapistas toman un auto y van haciendo la trompa: guardabarro, capot, frente interior, sector del motor y paramos. Vamos a otro y hacemos las cuatro puertas, el techo… En un tercero trabajamos en la parte de atrás, el techo… Y recién a los tres o cuatro meses volvemos al que empezamos primero.

-¿Cómo es el trabajo en orden de prioridades, respecto de la carrocería y la mecánica?
-Primero hay que empezar desde abajo, tren delantero, frenos, motor, chasis -dependiendo del modelo del auto porque hay algunos que son compactos como los Torino, Chevy, Falcon-. Empezamos con el chasis con los autos modelo ’50 o hacia abajo. En el caso de los autos con chasis podemos dividir el trabajo: sacamos el chasis, lo envío a mecánica y la carrocería va a chapa y pintura.

-Más allá de los costos, se supone que el trabajo es para clientes muy exclusivos, ¿es así?
-Cualquiera puede cumplir su sueño. Despacio lo va a lograr. Si va de golpe no va a lograrlo. Los costos, para restaurar un auto son grandes porque estamos fabricando un automóvil. Volverlo a la vida. Cada tornillo del auto a restaurar está tocado por una persona. A través de internet nos comunicamos con los dueños de los autos en forma permanente: les vamos mostrando cómo va evolucionando el trabajo.
-Todos pueden acceder…
-Todo el mundo. Todos pueden lograr su sueño.

-¿De dónde proviene actualmente la mayor demanda?
-En el país. Tenemos autos (a restaurar) de la provincia de Buenos Aires, de Neuquén, Santa Fe, Córdoba capital, de Río Tercero, de Cruz del Eje, Carlos Paz. Hemos tenido consultas de gente de afuera para fabricar réplicas. Gracias a mi personal fabricamos partes de autos. Trabajar en este taller no es un trabajo para un chapista común. Debe llevar la profesión en la sangre. Es un orfebre.

Siempre curioso
-¿Cuáles son las fuentes de información a la hora de encarar una restauración?
-Hoy con internet tenemos todo a nuestro servicio. Pero me ha quedado mucha bibliografía de mi padre y conocidos de mi padre me desburran un poco. Soy muy curioso. Me paso las noches en la computadora averiguando acerca de los vehículos que estamos trabajando. Incluso para armar un auto tenemos que ir hasta desarmaderos para conseguir piezas y tornillos.

-¿Cuál fue el desafío más importante que encaró en los últimos años?
-Fueron varios e importantes. Restaurar un Ford Thunderbird convertible del ’57, a pedido del Garage TV. Era un auto en muy mal estado. Reformamos una coupé Ford 1937 y la hicimos hot rod, completa, con motor de Ford Fairlane. Este cliente nos pidió una coupé Ford ’37, que es una figurita difícil de encontrar. Conseguimos únicamente la cola del auto. Compramos un modelo y jugando un poco con las chapas logramos hacer y darle forma a la coupé. Tenemos también un proyecto en marcha de fabricación de una coupé Mercedes Benz 300 SL. Es un auto muy emblemático para los fanáticos de esa marca. Es un auto muy caro. Mercedes se lo regaló a Juan Manuel Fangio cuando salió quintuple campeón mundial, en 1956. Un cliente de Córdoba me dijo “Dani, quiero este auto”. Buscando en libros y planos, lo estamos fabricando. Tenemos el proyecto en un 80% de avance.

-¿Por lo general es el cliente quien aporta el auto o le pide que lo consiga usted?
-La gente del Garaje TV nos trajo un Thunderbird y lo hicimos completo. Al cliente de la Ford ’37 se la fabricamos nosotros, como así también al cliente del Mercedes. Compramos uno de la misma marca, lo cortamos todo, dejamos solo el piso y desde allí empezamos a darle forma.

-¿En qué proyectos trabaja actualmente?
-En varios. Trabajamos en un Chevrolet Lovers del ’57; en cuatro coupé Torino, que son réplicas de las tres que compitieron en la carrera de Nürburgring en 1969 -una de ellas fue entregada al museo de “Pechito” López-; trabajamos además en una pick up Chevrolet 1957 hot rod. Esa será muy baja. Era un camión y lo reformamos a pick up. No será pintada. Se entregará con la chapa libre con una laca transparente. Estamos fabricando una coupé Unión alemana hot rod; otra coupé 800; un Ford T de 1926; estamos terminando una rural Fiat 128 para un cliente de México; estamos concluyendo una coupé Ford ’38 con mecánica Ranger 2011; y hay otros varios proyectos más detenidos. Con lo que hay tenemos trabajo para dos años.

-Lo acompañan sus hijos por el mismo camino.
-Sí, gracias a Dios. Es muy raro que un padre trabaje con sus hijos. Está Roman y Leandro, que se encarga de la administración del taller, de a poco va tomando el mando. Él se encarga de publicar las piezas que tenemos y las que fabricamos, como las colas de los Ford A y las cajas de carga.

Desafío familiar

-¿Es fácil o difícil trabajar con los hijos?
-Fácil no es, pero los tres estamos llevando adelante el negocio. Lo lindo es que la tarea nos gusta a los tres. A mí me gustó lo que hacía mi padre y ellos de a poquito se están insertando y saben que esta es la salida laboral que van a tener el día de mañana. Roman está muy abocado a un programa de televisión que se emite por el canal de la Cooperativa, que también está saliendo en el canal de Almafuerte, en Hernando, en el Valle de Calamuchita y el mes que viene saldrá en Cablevisión de Río Tercero, Oncativo, General Deheza y Río Cuarto.

-¿Es exigente con el trabajo?
-Sí, todo el día superviso lo que hace la gente. Estoy al lado de ellos siempre. Ese trabajo me lleva muchas horas. Sí o sí debo estar en el taller. Este es mi lugar en la vida. Es lo que soñé desde chico.

-¿Cuántas horas pasa en el taller?
-Lo normal son 10 horas, pero hay días que le meto 12 o 14 horas. No paro ni el sábado. Mi lugar es acá. Vengo al taller y me siento feliz.

-¿Es complicado conseguir las autopartes de los vehículos más antiguos?
-Busco por todo el país. Tengo muchos contactos y he viajado mucho buscando automóviles y piezas. De todos modos antes de tomar un trabajo averiguo si tiene faltantes para no renegar. A veces he agarrado trabajos que son interminables o muy deteriorados que llevaron mucho tiempo. En esto no se puede dar un presupuesto como un auto común. Puedo calcular una aproximación, pero nunca se puede saber hasta que se desarme. Hace poco nos trajeron un Torino que se veía muy lindo, cuando entramos a tocarlo estaba lleno de masilla…

-¿En ese caso sigue con el trabajo?
-Sigo siempre y cuando el dueño del auto me autorice a seguir adelante. No le doy sorpresas a nadie. Cuando nos encontramos con una camisa de once varas, he tenido que salir a comprar otro auto para hacer uno de dos. Siempre y cuando el dueño me autorice. De lo contrario sería defraudarlo. Nunca sabemos cuánto termina saliendo el costo del vehículo: tenemos tapicería, electricidad, autopartes, el armado, que lo hace una persona exclusivamente para eso. No es ni el tapicero, ni el mecánico, ni el chapista, ni el pintor. No es fácil conseguirlo para lograr la perfección o la mejor aproximación al modelo original. Además compramos herramientas nuevas para el taller. De a poco nos vamos perfeccionando.

-¿Hay un crecimiento en el interés de la gente sobre la actividad?
-Nosotros empezamos en 2009; alquilamos un galpón (en barrio Las Violetas). Empezamos con el corazón grande y muchas ganas de hacer, con dos empleados. Hoy tenemos mucho más personal y estamos trabajando a full en este lugar, que está integrado por cinco galpones. Cada vez vamos creciendo más. La gente nos va eligiendo, ve nuestro trabajo. Y es como todo, hay quienes nos quieren y quienes no. Hay un mayor interés. Cuando empezamos no teníamos qué mostrarle a los clientes. Teníamos muchas ganas. Este trabajo lo hacía mi padre. Durante más de 50 años se dedicó a la mecánica. También mi abuelo se dedicó a esto.

-Con sus hijos van por la cuarta generación.
-Las cuatro generaciones. El año pasado nos armamos en un mes y medio una exposición. Hicimos una cosa linda (en el polideportivo). Para este año tengo una idea: queremos hacer algo más grande, con una cena para reunir a todos los talleristas y vendedores de repuestos. Quiero unificar todo lo que sea “fierro” y hacer una exposición. Todo lo que sea antiguo: autos, camiones, lanchas, tractores, motos, bicicletas…