Home / Locales / Eligió ser diplomático, dio el primer paso y mucho le debe a su familia

Eligió ser diplomático, dio el primer paso y mucho le debe a su familia

Es abogado, tiene 25 años y es uno de los jóvenes admitidos para acceder al curso de diplomático. Lo logró desde Río Tercero por su esfuerzo personal y el apoyo de su familia.

Si los viajes, las reuniones palaciegas, cócteles y recepciones son todo lo que el imaginario social condensa en relación con la diplomacia, entonces poco y nada se sabe acerca del camino que debe emprender quien quiera seguirlo.
Antes de recalar en una embajada, el sueño de cientos de jóvenes con vocación de servicio, hay una serie de etapas que superar. Las pruebas son tan exigentes que la mayoría debe dar un paso al costado, bajar la cabeza y dar media vuelta.
Pero hay otros que con dedicación alcanzan ese sueño. Es el caso de Martín Quaranta, un riotercerense de 25 años, que será una de las 25 personas que el año que viene podrán acceder a estudiar la carrera en el Instituto de Servicio Exterior de la Nación (ISEN), en Buenos Aires.
Martín es abogado, trabaja desde hace dos años en los Tribunales de Río Tercero y de chico supo que quería ser diplomático. Es el mejor ejemplo que con dedicación todo se puede.
Nació en una familia trabajadora. Su papá Gustavo y su mamá María Inés abrieron un negocio de venta de empanadas en el centro de Río Tercero para que pudiera estudiar en Córdoba. También tuvieron un kiosco de venta de revistas y diarios y Martín trabajó junto a ellos desde los 14 años.
Con esfuerzo estudió abogacía, se recibió en menos de lo que demanda comúnmente la carrera y rápidamente se puso en marcha para cumplir su sueño: ser diplomático.
“Lo que más se parece a la carrera de diplomacia es Relaciones Internacionales, pero como no se dicta en la universidad pública en Córdoba, me dediqué a algo que me gustaba, como la abogacía, sin abandonar la idea de la diplomacia”, asegura.
Los exámenes que se deben sortear para ingresar al ISEN son muy exigentes y demandan mucho tiempo de estudio.
Martín se preparó durante casi un año y los últimos meses dedicó buena parte del día solo a estudiar. Lo hizo solo, sin ayuda, en su casa de barrio Cerino, rodeado por el aliento de su familia.
Martín tiene dos hermanos mayores, uno es contador, de 32 años, el otro jugador de fútbol, de 27. En su familia siempre se impuso la idea de que lo que se decidiera hacer en la vida “había que dar el 100 por ciento” como dice su papá. Así lo hizo.
“Para mí, haber entrado al ISEN es un logro en sí mismo, pero es apenas un comienzo. Es un esfuerzo muy grande pero lo hice convencido, sin presión”, afirma consciente de todo lo que le espera.
Aunque aún resta que se publique la resolución de Cancillería para que se lo admita como estudiante del ISEN, Martín sabe que en marzo de 2017 debe radicarse en Buenos Aires. En la capital pasará dos años dedicado full time a estudiar intensamente para poder acceder a formar parte del cuerpo diplomático del país. Todos los alumnos del ISEN son becados para que puedan dedicarse exclusivamente a estudiar.
Los que como Martín que logran atravesar el examen de ingreso se convierten oficialmente en aspirantes becarios del curso de formación del ISEN. Allí el alumno deberá salir airoso en materias como historia, derecho, política y economía internacional, ceremonial de Estado, protocolo, y practica diplomática y consular, entre otras.
Si bien le parece apresurado hablar del destino que le gustaría tener una vez finalizado el curso, asegura que países de Asia o África le parecen los más atractivos.

Esfuerzo familiar

“Mis padres me dijeron que iban a hacer todo lo posible para que yo pudiera estudiar, pero que estaba en mí saber aprovechar esa oportunidad. Y eso lo valoro mucho y me reconforta poder devolverles de alguna manera todo ese esfuerzo”, asegura.
Martín cursó la primaria en la escuela Manuel Belgrano y la secundaria en la exEnet Gral. Savio. No fue un alumno destacado pero desde los 14 años comenzó a interesarse por la política internacional, algo que después proyectó en su carrera universitaria.
Respecto a su reciente logro, asegura: “Mis padres están muy contentos. Espero que cuando comience mi carrera ellos puedan aprovechar para viajar y conocer. Supongo que se deben sentir reconfortados porque saben que haré lo que me gusta”.
Los Quaranta son una familia de valores y eso han transmitido a sus hijos. “Lo que he aprendido de toda mi familia, incluso de mis abuelos, es que los objetivos que uno se plantea se logran con esfuerzo, ya sea a través del trabajo o del estudio”.
El de Martín es todo un mensaje para muchos jóvenes desencantados con la realidad que les toca.

Constructores de la vida

La de Martín Quaranta es sin dudas una familia particular. Como en muchas otras la valoración del estudio siempre se inculcó a los hijos, pero lo padres se encargaron también de mostrar con el ejemplo que el trabajo conduce a grandes cosas. Gustavo y María Inés tuvieron un negocio de ventas de empanadas, también un kiosco de diarios y revistas, pero una vez que Martín terminó sus estudios y ya no dependía económicamente de sus padres, se dedicaron a su pasión: la albañilería.
Los esposos trabajan juntos en este oficio y aseguran que lo disfrutan a pleno. “Lamento no tener más fuerza física para poder hacer otras cosas, pero todo lo que puedo lo hago”, asegura la orgullosa mujer que ayudó a levantar su propia casa en barrio cerino.