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Guardiana del saber durante toda una vida

NINFA LUBRINA: LA BIBLIOTECARIA DE TANCACHA

Como si los libros fueran su antídoto secreto contra el paso del tiempo, Ninfa Lubrina ya puede ser considerada una celebridad de Tancacha.Como si los libros fueran su antídoto secreto contra el paso del tiempo, Ninfa Lubrina ya puede ser considerada una celebridad de Tancacha. Con una lucidez que asombra, a sus 98 años se sigue desempeñando como bibliotecaria con un entusiasmo, que el paso del tiempo no logro erosionar.

Desde hace más de tres décadas realiza esa tarea en la biblioteca del Centro Empleados de Comercio. Previamente, estuvo trabajando en la perteneciente al club Huracán, durante 36 años hasta que por diferentes motivos, cerró sus puertas. Pero pocos días pasaron hasta que pasó a desempeñar la misma función, pero en la institución gremial. “Los libros son los que dejan la enseñanza, porque tienen el espacio para desarrollar los temas. En internet o televisión, todo está abreviado”, expresa Ninfa. “Siento la enorme satisfacción de dejar un elemento de trabajo que será útil para tener un porvenir el día de mañana”, agrega en torno a su trabajo. Días atrás, mientras asistía a la reinauguración de la renovada sede gremial, se la notaba inquieta. Tenía una tarea pendiente que quería afrontar cuanto antes. “Acaba de llegar una partida de libros de la Nación y hay que catalogarla”, argumentaba en medio de la celebración.

Amor por la lectura Aunque no formó una familia, nunca le faltó el afecto, generado desde su notable vocación. “Tengo un montón de hijos postizos, que han venido desde la primaria a la biblioteca, incluso varios que son profesionales”, comenta Ninfa. Su rol no se limitaba a ordenar o buscar libros, también dio clases de apoyo a gran cantidad de alumnos primarios. Aunque nació en Oncativo, a los 9 años llegó junto a su familia para radicarse en Tancacha.

Para ese entonces, ya era una lectora avezada. Sentía que no podía esperar a comenzar el colegio para aprender a leer, por lo que reiteraba sus pedidos para recibir la eneñanza, especialmente a su madre alemana. Ninfa la recuerda como “una persona muy culta, que nos inclinó por la lectura. Teníamos una biblioteca muy selecta en casa”.

“A los 5 años aprendí a leer porque venía el Billiken, que en ese tiempo tenía todas historietas”, rememora. Creció con el pueblo, fue testigo privilegiada de su progreso y el surgimiento de las instituciones, pero no todos los recuerdos son gratos. Como varios vecinos del pueblo, cita la gran inundación de 1978, aunque en su caso, lamenta un daño muy puntual. Durante ese suceso, perdió un baúl donde guardaba varios de sus libros. “Uno de ellos era una biblia traducida del alemán que siento todavía ahora, porque era un gran recuerdo de mi madre”.