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Las contradicciones en la producción agrícola

En los últimos años el vínculo entre el campo y la ciudad se vio inmerso en una relación conflictiva. Los motivos son varios: una campaña en contra de los productores (que nace del estado nacional, en el marco de la resolución 125), los confusos episodios de barrio Ituzaingó (en Córdoba), la búsqueda de notoriedad de algunas fuerzas políticas minoritarias que enarbolan la bandera de un falso ecologismo por falta de propuestas propias.n los últimos años el vínculo entre el campo y la ciudad se vio inmerso en una relación conflictiva. Los motivos son varios: una campaña en contra de los productores (que nace del estado nacional, en el marco de la resolución 125), los confusos episodios de barrio Ituzaingó (en Córdoba), la búsqueda de notoriedad de algunas fuerzas políticas minoritarias que enarbolan la bandera de un falso ecologismo por falta de propuestas propias.

Entre muchos motivos y en esa escalada de eventos injustificables, ciudades como Alta Gracia, Monte Maíz, posteriormente la comuna de Anisacate, Las Bajadas, y Bajo Chico fueron legislando por encima de sus derechos, inhibiendo inescrupulosamente la producción, sin ninguna capacidad de evaluar técnicamente la problemática e ignorando que no existe una alternativa viable para la producción extensiva. De ese modo se impusieron en nombre de principios precautorios franjas de 1500 metros o más hasta llegar a la inhibición completa del uso de productos químicos y biológicos en su ejido, lo que dicho con transparencia significa, la inhibición total de la agricultura extensiva.

Los productores perfeccionan sus prácticas, certifican sus maquinarias, capacitan a sus empleados, realizan los cursos de uso de fitosanitarios para saber qué productos utilizar en cada  lugar en que se trabaja, ya sea cerca o lejos de las ciudades, utilizando los  agroquímicos autorizados por el SENASA (ente oficial nacional) de acuerdo a cada caso, y asumiendo  un marco legal complejo, tratando de cumplir con todo lo que nos exige la Provincia para trabajar los campos  como corresponde. Es llamativo o intrigante ver cómo el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentos asume un rol tibio, expectante, descomprometido, no sale enfáticamente a defender ni la ley de agroquímicos provincial, mientras la misma Provincia pierde a trozos su capacidad productiva. ¿Qué habrá que esperar para que asuman su rol? ¿Qué habrá que esperar para que asesoren y controlen a los poderes ejecutivos de su misma fuerza política? ¿Es desinterés o complicidad? ¿Es casualidad que los suelos que dejaron de producir en Alta Gracia, se conviertan en loteos con ganancias extraordinarias? Es fácil si se quiere averiguar quiénes los compraron; en los pueblos del interior todo se sabe.

Cuando nada parece ser lógico, cuando lo infundamentado tiene más fuerza que la producción auténtica, cuando los que cumplen con la ley tienen que justificar sus tareas, es porque hay otros intereses detrás de esto ayudado por algunos  medios de comunicación que reflejan noticias orientadas a desinformar a la comunidad,  sumando más confusión.

Es hora que volvamos a encontrarnos como sociedad equilibrada, es hora de que prevalezca el derecho de quien produce cumpliendo con las normas vigentes sin poner en riesgo al prójimo. Es inmaduro decirle no al agro y querer tener alimentos para nosotros y el mundo. Los hechos que describo me llevan a que pensemos en asumir un nuevo rol en la sociedad, un rol de mayor participación y compromiso, un camino donde las instituciones (en este caso Federación Agraria ) sea una institución llena de socios que pueda salir a plantear las verdades de nuestro sector.

No dejemos que un grupo de funcionarios que en muchos casos no tienen ni idea de lo que significa la producción, apliquen normativas de forma inconsulta. Y en otros casos aunque conociendo sobre el tema, deciden favoreciendo a un grupo en particular, poniendo piedras en el camino a una actividad tan digna como es la producción agropecuaria.