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Reconocimiento y emoción en el último adiós a Miguel Monteverde

Numerosas personalidades, amigos y familiares le rindieron homenaje. Resaltaron sus valores profesionales y su aporte invalorable al periodismo de la ciudad.

Río Tercero ya le empieza a deber un reconocimiento. Fue clave para la historia del periodismo en la ciudad”. De esa manera recordó a Miguel Ángel Monteverde (64), Fernando Colautti, periodista del diario La Voz del Interior pero quien durante muchos años fue jefe de redacción del Semanario Tribuna.
Colautti lo definió como la persona que “ayudó a tener una visión más profesionalizada del ejercicio periodístico” en Río Tercero.
Monteverde, gestor cultural, periodista y quien fuera durante 20 años director y propietario de Tribuna, falleció sorpresivamente el miércoles último, en un accidente de tránsito, a los 64 años.
La profesora Ilda Piedrabuena coincidió con Colautti en la semblanza y destacó que Monteverde “fue un comunicador honesto y entero”.
Quienes lo recordaron lo definieron con un profesional riguroso, obsesivo a veces en procura de reflejar la verdad lo más objetivamente posible.

El periodista
Monteverde fue formador de varios de los periodistas que hoy ejercen la profesión en la ciudad, quienes a través de los años supieron reconocerle su capacidad y entendieron que la mayoría de las veces, sus decisiones tenían como objetivo transmitir lo que sabía.
“A partir de la impronta que le dio a Tribuna ayudó a tener una visión más profesionalizada del ejercicio periodístico. Marcó un antes y un después en una ciudad que no estaba acostumbrada a ejercer un periodismo independiente, con su enorme decisión y vocación, como cualquier persona con aciertos y errores. Me tocó compartir con él 11 años en Tribuna y puedo asegurar que eso no era fácil. Creo que deja una marca histórica”, señaló Colautti.
Monteverde inició su carrera como periodista en Tancacha, siendo corresponsal del diario Los Principios y del Semanario Crónica de Río Tercero. Entre 1974 y 1975 fue propietario del mensuario Unidad, de Tancacha. Entre 1976 y 1979 fue redactor en los diarios Córdoba y Tiempo de Córdoba. En 1980 egresó de la UNC como licenciado en Ciencias de la Información. En 1983 se radicó en Río Tercero y un año después se sumó al plantel de Tribuna. En 1985 se convirtió en socio de este medio y luego en su dueño, hasta el año 2002. En 2004 dejó la actividad periodística.
En su larga trayectoria en la prensa gráfica, Monteverde tuvo además una mirada regional y estratégica. Supo renovar la calidad de la información que llegaba cada sábado a los hogares de sus conciudadanos.
Pese a su bajo perfil, fue un firme defensor de la libertad de expresión y de la pluralidad de ideas. Sus colegas y quienes compartimos la tarea diaria con él debemos asumir el compromiso de seguir defendiendo, con dignidad, los valores que dejó como legado ético quien fuera el puntal para que Tribuna sea lo que hoy es.
Fueron muchos los periodistas que pasaron por este medio mientras estuvo al frente del semanario. Todos ellos recibieron como legado el ejemplo de quien asumió su destino con la luz de la razón y las certezas del corazón.

Recuerdos
La artista plástica Raquel Piedrabuena fue otra amiga cercana de Monteverde y con quien compartió su pasión por las artes. “Lamento profundamente la pérdida de este amigo. Nuestra amistad fue de casi treinta años. Estuvimos juntos en la comisión de la Biblioteca Urquiza, también en la subcomisión de Música de la misma, en el Grupo de Amigos de Enrique Gandolfo y hoy en la Fundación. Miguel fue una persona muy perseverante, cuando se proponía algo luchaba hasta conseguirlo y ese resultado debía ser perfecto”, señaló Piedrabuena.
Su amiga lo definió como un hombre “muy meticuloso en sus cosas y en sus tiempos. Siempre interesado en incorporar conocimientos, por lo que se rodeaba de  gente con la cual podía intercambiar pareceres en relación a diferentes temáticas”.
“Voy a extrañar la cantidad de mails que me enviaba diariamente, voy a extrañar su ‘hola Raquelita’ en el teléfono, voy a extrañar su presencia en mi taller, voy a extrañar su cualidad organizativa. Donde quiera que estés mi querido ‘Maicol’ que descanses en paz”, lo despidió su amiga.
Su entrega por el arte y la cultura fue reconocida por todos quienes lo recordaron.
“Tenía alma de mecenas, se lo dije cuando me compró una escultura, aunque no era cultor del arte abstracto. Fue el mentor y el alma de la Fundación. Era una persona muy metódica, previsora y estaba en todos los detalles, aunque por ahí a uno le resultara hasta molesto. Lo vamos a extrañar mucho y a pesar de que no teníamos una amistad de muchos años me dejó un gran vacío su partida repentina”, admitió el arquitecto y artista Gustavo Tresca.
El sepelio de Miguel Ángel Monteverde se concretó ayer por la mañana en el cementerio parque cooperativo, en la ruta que une Río Tercero con Almafuerte.
Amigos, familiares y colegas participaron en el cortejo fúnebre y lo acompañaron hasta su lugar de reposo eterno.
“Las vidas que más se recuerdan son las que se van así, como un ave, un duende, de golpe, se evadió de su ciudad”, dijo Susana Trespi. Y así fue.

Perdil

Miguel Monteverde (64) era soltero, no tenía hijos y sus padres y su único hermano habían fallecido hace algunos años. Compartía las cosas que le gustaban con su círculo de amigos, que eran fundamentalmente los integrantes de la Fundación Enrique Gandolfo. Su vida la dedicó, primero a su profesión como periodista y luego, alejado de esta actividad, a desarrollarse como gestor cultural.

El gestor cultural

Miguel Monteverde fue profesor y autor del libro “100 años de pintura y escultura en Río Tercero” (2006). Además, fue un permanente colaborador de la Biblioteca Popular Justo José de Urquiza, de la que fue presidente entre 1992 y 1994.
Siempre ligado a la cultura de la ciudad, incursionó en las artes plásticas, la poesía y la fotografía obteniendo menciones y reconocimientos por sus trabajos.
Durante muchos años cultivó una profunda amistad con el reconocido artista plástico Enrique Gandolfo, quien falleció en 2013. A partir de allí creció su interés por impulsar una fundación que construyera un museo que llevara el nombre del artista que había sido su amigo. El objetivo principal fue encontrar un sitio adecuado que se convirtiera en custodio de las obras de Gandolfo.
“Río Tercero está perdiendo el gestor cultural más importante que tuvo a lo largo de toda su historia”, opinó Susana Trespi, quien compartiera con Monteverde muchos años como integrantes de la comisión directiva de la Biblioteca Urquiza.
Trespi recordó que en sus años como presidente de la institución, Monteverde se ocupó de impulsar la ampliación de la planta baja del edificio y de la construcción de su techo inclinado pensando en el piso del futuro auditorio, un proyecto que hoy está en marcha.
La amistad de Monteverde con Gandolfo marcó gran parte de su vida. Cuando encontró la muerte precisamente retornaba de la ciudad de Córdoba, adonde había viajado para retirar una documentación inherente a la Fundación que junto a otros gestores culturales y amigos habían formado para llevar adelante del proyecto de la creación de un museo.
“Junto a él conformaba el Grupo de Amigos de Enrique Gandolfo que luego tuvo como finalidad crear el museo y la muerte lo encontró trabajando para eso porque estaba yendo a buscar todos los papeles. Siento tristeza, consternación, angustia y un dolor inmenso porque es una gran pérdida para la ciudad”, expresó Trespi.

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